jueves, 3 de enero de 2008

La saga Figueroa: creando cumbres en Andalucía

El apellido Figueroa es en nuestra tierra sinónimo de edificación, de arquitectura; y es que durante un siglo, tres generaciones construyeron edificios religiosos, bóvedas o capillas por Andalucía. Sin embargo, el fundador de esta saga no es andaluz de nacimiento, se trata de Leonardo Figueroa, nacido en 1650 en Cuenca, pero que una vez que pisó Sevilla jamás la dejaría y sería donde forjaría su vida como arquitecto y donde se casaría dos veces. Uno no es de donde nace, sino de donde pace dice el refran, y es que Leonardo tenía el "auténtico estilo sevillano" según Sancho Corbacho; este estilo sevillano y andaluz se observa en la tradición bícroma andaluza, heredada de los musulmanes y en la que se mezclan muros amarillos o blancos con el rojo de los ladrillos (que además de belleza, permitía realizar edificios con más curvas y más resistentes a los terremotos). También destaca por el uso de la cerámica vidriada y de los azulejos, también heredados de la cultura andalusí. Respecto a su época, Leonardo se convirtió en el referente del manierismo frente al Renacentismo decadente que se había implantado en nuestra tierra, rompiendo los canon que se establecían en el arte renacentista. Así, también destaca en sus construcciones los elementos borrominescos, es decir, el llamado barroco "salomónico". Leonardo reconstruyó lo que hoy es la Iglesia de la Magdalena de Sevilla, destacando la cúpula octogonal; la fachada del Palacio de San Telmo y también creó las bóvedas y la cúpula de la Iglesia de El Salvador de Sevilla y la Iglesia de San Luis en un intento de transcribir el Templo de Salomón. Leonardo fue también un tratadista y su fama corría por toda Andalucía, así ayudó con sus conocimientos a resolver los problemas de erección de la catedral de Cádiz.


Segunda generación

Leonardo tuvo dos vástagos que siguieron su tradición: Matías José de Figueroa y Ambrosio de Figueroa. Matías José fue el primogénito, y si bien siguió la carrera de su padre, su estilo se acercó más al de Diego Antonio Díaz que al de los Figueroas, por tanto más autóctono y menos italiano. Su trabajo más famoso es la Iglesia de San Jacinto de Triana, en Sevilla, y un tratado anónimo pero atribuido a él en el que hace un listado con los edificios más importante de la ciudad hispalense para cuidarlos y reformarlos ante terremotos venideros, y para ello lo mejor era el uso del ladrillo (misma idea que Figueroa padre)

El segundo de los hijos sí siguió el estilo del padre, pero su obra se concentra en la construcción de capillas sacramentales, a las que caracteriza por crearles efectos lumínicos. Destacan la Capilla del Cristo de los Desamparados de El Salvador y la Capilla de San Pedro de Carmona.

Tercera generación

La saga de los Figueroa se cierra con Antonio Matías de Figueroa, hijo de Ambrosio. Es considerado el primer autor rococó andaluz, dando más importancia al ritmo libre de la línea que a la ornamentación, y a semejanza del primer Figueroa, se dedica a la construcción de Iglesias y fachadas. Antonio Matías, a diferencia de sus antecesores, expandió el estilo Figueroa por gran parte de Andalucía: construyendo torres por los pueblos blancos de la Baja Andalucía (como la Torre de San Pedro de Carmona), creando fachadas de iglesias en Cádiz, Écija o Bollullos del Condado. Antonio Matías también se dedicó a la construcción civil, como podemos apreciar en el palacio de los Domecqs en Jerez.

Fuente de las imágenes: Wikicommons (Iglesia de la Magdalena) y Picassa
(Puerta de la Iglesia de San Jacinto).


No hay comentarios: